¡Que
guays que somos.!
“El
entusiasmo” es
la nueva obra escrita y dirigida por el dramaturgo Pablo Remón
(“El
tratamiento”, “Los farsantes”, “Vania x Vania”),
en la que trata con humor e ironía el tema de la pareja, los hijos y
la crisis de la mediana edad, a la vez que construye un artefacto
teatral con la ambición y el juego propios de la novela posmoderna.
Ya representada en el Teatro María Guerrero.
“El
entusiasmo”, el
último trabajo de Pablo Remón, producido por
el Dramático y Teatro Kamikaze, habla del paso
del tiempo, de la vida, de las consecuencias de las decisiones que
hemos tomado y de las que aún nos quedan por tomar. Una reflexión
sobre lo que podría haber sido nuestra vida, de las opciones
perdidas y de la capacidad de las personas para determinar lo que
somos. La vi, en su último día, en el Teatro María Guerrero.
Suena “Dream
Baby Dream” en
versión de Suicide, son las fiestas de verano del pueblo, una chica
a la que da vida Marina
Salas y
un chico de Santa Coloma de Queralt (Tarragona) que juega la final de
frontón interpretado por Raúl
Prieto,
se enamoran. Sobre un fondo oscuro y sin que se vea la escenografía
comienza.
A
continuación, se ilumina el escenario, se descubre la escenografía
y aparecen en escena Toni y Olivia, una pareja
que ronda los cuarenta y cinco años, tienen dos hijos y no están
pasando por su mejor momento. Francesco
Carril y Natalia
Hernández son
esta pareja (él un profesor universitario con un libro publicado,
ella una periodista y madre de familia) que narra su vida de forma
fragmentaria, con flashback al pasado, y frecuentes cambios de
narrador que incluyen hasta a un entrevistador o la propuesta
escénica de tener sobre el escenario casi en todo momento a los
cuatro intérpretes presentes con intervenciones directas o
indirectas.
En
palabras del propio autor, “Este
montaje trata varios temas, uno de ellos es la
crisis de la mediana edad que
es una crisis existencial y profunda de los personajes; pero también
la crisis de la narración: ¿cómo seguimos contando historias a
estas alturas?, ¿cómo nos contamos nuestra propia historia? o la
ficción: ¿somos
autores o personajes de nuestra vida?”.
Y
es que Remón ha preparado un montaje formado por diferentes
niveles de lectura para hablarnos de la narración como metáfora de
la vida a
través de la que nos contamos o inventamos nuestra propia historia.
De esta manera, Toni es un escritor truncado, autor de un libro de
relatos, que no consigue encontrar su propia voz para escribir la
novela que siempre ha querido. Pablo Remón asegura que “Toni
necesita volver a ser autor, escribir esta novela, para tener la
sensación de comprender donde está existencialmente. Está muy
relacionado el hecho de ser capaz de construir una narración con el
hecho de ser autor de tu propia vida y que esta esté bajo tu
control”, según
Remón.

Por otro lado, el
título del montaje alude a la ilusión de la pareja de Toni y Olivia por encontrar un
motor que dé sentido a sus vidas.
Pablo Remón explica la etimología de la palabra que en la antigua
Grecia aludía al poeta poseído por las musas. “Hay
una idea clave en la obra. ¿Qué nos posee? Si
no nos posee el entusiasmo, la imaginación o la creación; dejamos
espacio a que, a determinada edad, nos posean las neurosis.”,
dice el autor.
Francesco Carril explica que «los dos personajes están en el camino
de intentar recuperar el entusiasmo o intentar acercarse a él como
pueden. En el caso de Toni es a través de la escritura o la
imaginación lo que, para él, significa la libertad. Es un refugio
para el personaje, aunque no quiere decir que sea la solución, pero
escribir es un acto que le entusiasma». Natalia Hernández sitúa a
Olivia en otro lugar: “Ella
no sabe lo que quiere para estar entusiasmada. Tiene un conflicto con
la maternidad, porque es feliz y está orgullosa de sus hijos, pero
tiene muchas dudas: Me encuentro de repente con dos criaturas, que no
sé si las he elegido. ¿Qué necesito yo para ser feliz o estar
entusiasmada?”,
se pregunta la actriz, poniéndose en el papel de Olivia.
En
definitiva, ví una freflexión sobre lo que las vidas de estos
personajes podrían haber sido, pero que no han sido. “Nos
están estafando”,
dice uno de ellos, varias veces, a lo largo de la obra, refiriéndose
a los grandes poderes plítico-económico-sociales. Pero también
habla de la libertad que todos tenemos para trazar nuestro propio
camino...
A
mí me gustó a medias: en demasiadas ocasiones, el autor se regodea
en sí mismo, transmitiéndonos el mensaje de “¡Qué
gracioso y ocurrente soy con lo que escribo.!” y
no hay peor cosa para un creador que creérselo. Sin embargo, sobre
todo, al principio, la obra tiene momentos cuasi-brillantes, más
“currados” porque lo que son las partes humorísticas, no valen
n'a de ná, la verdad. Y los actores también se lo creen. Vamos, que
ni yo mismo me me lo podía creer... De todos modos, es un tipo de
teatro con el que yo empatizo, sobre todo por el mensaje y el estilo
post-moderno. ¡Qué guay..!
La hemos visto
en el Teatro María Guerrero.
https://www.youtube.com/watch?v=ChfuYsDJShA