viernes, 21 de abril de 2017

Teatro-Clásico

Aquiles, el hombre”. Teatro Bellas Artes. Hasta el 23 de abril.
Este es uno de los mejores montajes que se pudieron ver en el pasado “Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida”, dentro del ciclo  “Festival de Mérida en Madrid”.
Basado en “La Iliada”, de Homero, la obra  cuenta con la dramaturgia de Roberto Rivera bajo la dirección de José Pascual; escenografía de Curt Allen Wilmer; música original de Luis Delgado y un vestuario contemporáneo con toques clásicos diseñado por Pier Paolo Alvaro  completa esa ambientación actual y atemporal que busca el espectáculo para situarnos en la guerra de Troya o en cualquier guerra.
 El conocido actor Toni Cantó se mete en la piel de Aquiles, el mítico personaje de “La Ilíada” que se presenta, aquí, no tanto como un héroe y un semi-dios sino como un hombre que se debate entre la angustia de cumplir su destino y su deber, como es el de continuar con la guerra y morir, o dejarse llevar por sus sentimientos. “Aquiles es un visionario, un antisistema, un creador, que por primera vez se plantea no solo que las cosas pueden ser de otra manera, sino que pueden ser mucho mejor”, lo define Cantó.

Argumento
Son ya nueve años los que el ejército aqueo lleva asaltando sin éxito las murallas de Troya. Nueve años desde que una alianza de los pueblos griegos se pusiera en marcha para vengar la afrenta del rapto de Helena, esposa de Menelao, a la que el troyano Paris custodia tras los muros de Ilión. Pero Troya se muestra inexpugnable y el desaliento y la discordia hacen su aparición en el campamento aqueo. Todos los ojos se vuelven hacia Aquiles, el más poderoso de los guerreros griegos, el héroe semi-divino del que se espera una intervención decisiva que haga cambiar el curso de la batalla. Pero Aquiles, hastiado de la guerra, se pregunta si merece la pena cumplir su destino.
Así comienza Aquiles, el hombre versión dramatizada de los hechos fundamentales narrados en la Ilíada, el más antiguo de los poemas épicos de la literatura occidental. Los Dioses son aquí presencias lejanas y la sangre y la batalla un telón de fondo sobre el que asistiremos al despliegue de la conciencia del héroe. Veremos como el caudillo griego Agamenón humilla a Aquiles al arrebatarle a Briseida, su esclava favorita, y cómo Aquiles renuncia a la lucha, dejando a sus compañeros a los pies de una derrota segura ante las fuerzas troyanas. Cuando su íntimo Patroclo sea asesinado por Héctor, el caudillo troyano, Aquiles volverá a tomar las armas para enfrentarse en duelo a Héctor. Del dolor por la muerte de su amigo surge un Aquiles vengativo y cruel, que sólo busca la muerte de Héctor y la profanación de su cadáver. Pero cuando Príamo, el padre de Héctor, se presenta ante él y le pide que le entregue el cadáver de su hijo para darle sepultura, Aquiles encuentra el rastro de compasión que necesita. Surge entonces un Aquiles humano, capaz de entender a su enemigo y aceptarse a sí mismo.

Este es el trayecto que propone Aquiles: de la rueda de violencia y venganza que sólo genera más violencia, a la aparición de la compasión que funda un espacio de entendimiento.

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