viernes, 23 de mayo de 2014

Concierto

“Carmina Burana”. Teatro Reina Victoria. Día 25 de mayo.
Nacido a finales del Siglo XIX, Carl Orff es actualmente conocido  casi en exclusiva, por su "Carmina Burana". Su famosísima, interpretadísima y versionadísima Carmina Burana. El primer poema de la cantata, el “Ubícuo” o “Fortuna” es conocido, estoy completamente seguro, por todos vosotros, aunque no supierais ni el nombre de la pieza, ni de qué forma parte, ni mucho menos que su autor es un tal Carl Orff…
Efectivamente, aunque Orff compuso bastantes obras más, incluidas seis óperas, no se interpreta de él prácticamente nada más que su omnipresente Carmina Burana… seguramente porque su poco claro pasado al socaire del régimen nazi le ha pasado factura. En efecto, Orff fue de los pocos músicos que vivieron y medraron en la Alemania nazi, entre 1931 y 1945, y fue también de los pocos que respondió a la llamada oficial del régimen para hacer una nueva versión musical del “Sueño de una noche de verano”, de Shakespeare… Resulta que la famosa adaptación orquestal de la obra que compuso  Mendelssohn no era grata a los delicados oídos de los jerarcas nazis, debido a que… ¡Mendelssohn era judío! Como yo no soy jerarca de nada, ya veis, me encanta el Sueño de una Noche de Verano de Mendelssohn, por muy judío que fuera el gran Felix, y es posible que, tarde o temprano, acabe saliendo por aquí…
La verdad es que si hubiéramos seguido las mismas pautas nadie escucharía hoy la Carmina Burana de Orff, dado que fue compuesta hacia 1936 y estrenada al año siguiente, en pleno auge de don Adolf y sus muchachos, y tuvo un enorme predicamento entre la sociedad nazi, donde fue muy estimada e interpretada hasta la saciedad…
Y sin embargo nosotros, la sociedad occidental, no pensamos en estas cosas cuando oímos esta Cantata, una de las obras más interpretadas del repertorio (junto con las grandes Sinfonías de Beethoven o de Mahler, el Mesías de Haendel y quizás las Pasiones de Johann Sebastian Bach). Simplemente escuchamos la música, leemos la letra (debidamente traducida, a ser posible, luego veremos por qué), canturreamos junto con los solistas o el coro… y disfrutamos. Al menos, hablo por mí. Porque, digo yo, que qué tendrán que ver las opiniones personales o políticas de un artista para que te guste o no su obra…

Orff creó su cantata sobre textos medievales también conocidos con el mismo nombre de Carmina Burana (bueno, en realidad es al revés, claro: la Cantata toma el nombre de los textos en que se basa). Su nombre latino quiere decir “Canciones de Beuern”, por el Monasterio benedictino de Beuern, cerca de Munich, donde fueron encontrados al secularizarlo, a principios del Siglo XIX, y que hoy día están depositados en Munich. Por cierto, la pronunciación correcta de este término en latín clásico es “Cármina Burana”, con el acento tónico en la primera a del “Carmina”.
Su temática es completamente profana, en unos Siglos donde el dominio de la Iglesia era abrumador, sobre todo porque virtualmente toda la instrucción estaba en sus manos, en los monasterios, por lo que casi la totalidad de textos de la época son sacros… menos estos Carmina Burana bávaros, y un par más de “Carminae” más, uno de ellos en Cambridge, y el otro en el monasterio español de Ripoll, en el Pirineo gerundense.
Efectivamente, ya lo veréis, la temática de estos cantos no puede ser más profana: canciones de amor (cerca de la mitad de todos los textos son de exaltación del amor… pero no del amor platónico, precisamente), canciones de alabanza a la bebida (alcohólica, claro está) y al juego, canciones satíricas de burla del poder establecido, incluso del eclesiástico, con acerbas críticas a la tan bien instalada simonía medieval… lo más alejado que imaginarse pueda de los textos píos mayoritarios en la época.



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