CRITICAS Y RESEÑAS

CRITICAS Y RESEÑAS
Teatro, Danza, Opera, Cabaret y Circo

miércoles, 6 de julio de 2011

Danza

“El lago de los cisnes”. Jardines de Sabatini. Hasta el 10 de julio.

Los Jardines de Sabatini (Madrid) acogen el primer montaje totalmente al aire libre de uno de los ballets más populares de la Historia, “El lago de los cisnes”, en este caso, sobre hielo, de la compañía internacional The Imperial Ice Stars, tras su paso por escenarios como el Royal Albert Hall (Londres) y la Ópera de Sydney.
El espectáculo  gira en torno al conocido ballet de Tachikovski, con la peculiaridad de convertir la obra, según los promotores, en una pieza de "teatro sobre hielo" con un nivel de patinaje "olímpico".
Para mantener el hielo la productora ha instalado una máquina refrigeradora, máquinas gigantes de aire acondicionado y un iglú tipo carpa durante el día, encima del hielo, para que no le dé el sol. Hasta media hora antes del comienzo de la función, no se retira. En la pista, cuenta con un microclima de aproximadamente 10º.
La pieza, producida por James Cundall y Tony Mercer, rescata la historia del príncipe Sigfrido, empujado por su madre a elegir esposa en una fiesta preparada para la ocasión. Sigfrido, llevado por la melancolía, sale de caza con sus amigos, antes de su inevitable elección y descubre, en un misterioso lago, a un grupo de chicas convertidas en cisnes que recuperan su forma original cuando llega la noche. Allí, se enamora de la reina cisne, Odette, encantada por el mago Rothbart, que llega justo antes de que Sigfrido rompa el hechizo.
La compañía cuenta con el trabajo de 25 patinadores que, entre todos, tienen en su haber aproximadamente 250 medallas en campeonatos europeos y olímpicos. Muchos siguen en activo y fuera de su competición se dedican a esto, porque no podrían vivir solo del deporte. Tony Mercer, el creador, trabaja con estos deportistas antes de ponerlos en el escenario para conseguir que sean actores, que sean deportistas y actores a la vez.
La compañía, que ya ha actuado ante más de tres millones de espectadores, ejecuta movimientos inéditos que, dada su dificultad, no se habían intentado ni en competición ni sobre un escenario. Para ello, necesita de cerca de catorce toneladas de hielo.
  


martes, 5 de julio de 2011

Teatro

“Los Persas”. Teatro Español. Hasta el 24 de julio.

La Sala Pequeña del Teatro Español (Madrid) acoge una versión de “Los Persas”, del escritor clásico Esquilo, adaptada por el poeta Jaime Siles y dirigida por Francisco Suárez. En esta ocasión, la obra clásica conecta con la contemporaneidad y lo hace a través de la llamada “Primavera Árabe”, el levantamiento popular contra regímenes totalitarios del Norte de África.
El director de este montaje, Francisco Suárez, confronta la tiranía y la democracia, la antigüedad y la actualidad, remitiendo al espectador a los acontecimientos de la ribera del Mediterráneo. Para ello, se ha rodeado de actores como Albert Vidal, Miguel Palenzuela y Críspulo Cabezas.
Por otro lado, en la representación, Suárez cuenta con un pequeño espacio en el teatro madrileño, un escenario repleto de ceniza en medio de dos gradas y adornado, austeramente, con un par de botas de soldado, una mesa y unas copas de cristal.
Para el Director, los griegos siguen siendo el fundamento del teatro. Según él, "la metáfora aquí utilizada es el mar como símbolo de la leyes que tenemos que acatar para vivir en convivencia. Ahora, está ocurriendo de todo. La naturaleza nos está castigando, nos dice, como Esquilo, que tengamos cuidado con lo que hacemos".
En otro orden de cosas, el texto se presenta como un alegato antibelicista, en contra del expansionismo y contra la guerra en sí misma, que Esquilo consideraba "innecesaria de no ser por los perversos deseos de los gobernantes". Además, el autor original tiene un gran sentimiento de piedad frente a los perdedores.
Durante la obra, construida a partir del enfrentamiento entre dos consejeros, uno belicista y el otro pacifista, los espectadores tendrán la oportunidad de juzgar a Jerjes I, el rey persa que luchó contra una alianza de polis griegas cinco siglos antes de Cristo.  

Opera

“San Francisco de Asís”. Madrid Arena. Del 6 al 13 de julio.

La versión escénica de “San Francisco de Asís”, del compositor francés Olivier Messiaen, transformará el Madrid Arena en un templo de la ópera. El Teatro Real ha instalado una cúpula de grandes dimensiones para albergar el estreno en España de esta pieza.
El espacio, situado en el recinto de la Casa de Campo y con cabida para 21.500 personas, acogerá una puesta en escena monumental con una duración de más de 4 horas. La plantilla coral y la orquestal está compuesta por casi 250 intérpretes, mientras que en el plano instrumental destacan los 5 instrumentos de teclado (xilofón, xilorimba, marimba, glockenspiel, vibráfono), una enorme sección de percusión y la presencia de tres ondas Martenot.

En concreto, el elenco está formado por 9 solistas, 120 cantantes del Coro Titular del Teatro Real (Coro Intermezzo) y del Coro de la Generalitat Valenciana, 3 intérpretes de ondas Martenot y 111 músicos de la Orquesta Sinfónica de la Radio Baden-Baden - Friburgo, que interpretarán esta ópera, bajo la dirección de Sylvain Cambreling, experto en la obra de Messiaen.
Esta producción, concebida por Emilia e Ilya Kabakov, consta de una inmensa cúpula de 22 toneladas, 13 metros de diámetro, 14 metros de altura y 1.400 fluorescentes, que cambiará de luz y color acompañando el camino de redención de San Francisco a lo largo de la ópera.
Olivier Messiaen trabajó durante 8 años en la composición de 'San Francisco de Asís', entre 1976 y 1983, que le había sido encargada por el director de la pera de París, Rolf Liebermann, con la mediación posterior del presidente francés Georges Pompidou.
El compositor francés, fascinado desde joven por la figura de San Francisco, redactó un libreto sencillo y poético, donde evocó diferentes pasajes de la vida del santo, aunque evitó todos los aspectos escabrosos y anecdóticos de su juventud antes de que emprendiera su camino de santidad.
La ópera está estructurada en 3 actos y 8 cuadros y acompaña la evolución espiritual del protagonista, retratando su lucha interna, encaminada a superar las debilidades humanas y a encontrar la gracia y la plenitud divinas.

lunes, 4 de julio de 2011

Crítica de Cabaret

“Crazy Love”. Teatro Circo Price. Hasta el 7 de agosto.
El Teatro Circo Price lleva varios años proponiéndonos, en verano, un espectáculo de cabaret de alta calidad. La idea de este año es dar rienda suelta a la imaginación con un puntito de locura. De ahí, el título del espectáculo, “Crazy Love” (“Amor loco”). Es un espectáculo descarado, vital, que nos invita a abandonar, por un momento, esta ola de cordura colectiva que amenaza con hacernos olvidar lo bonito de la vida: su imprevisibilidad, según los responsables de su puesta en escena artística.
De entrada, la conocida actriz Petra Martínez, haciendo de maestra de ceremonias, ejerce de jefa de la Brigada Anti-Vicio, compuesta por un grupo de cantantes que más que policías parecen prostitutas. Ella misma va vestida de una guisa similar pero, claro está, de negro, que para eso es la jefa. Su descaro al dirigirse al público, insultándonos y provocándonos es indicativo de lo que vamos a ver a continuación: originalísimos números de magia realizada por un artista que se disfraza como un dibujo animado, un malabarista que con tan solo un sombrero parece que se da vueltas a sí mismo, una artista negra del burlesque (ahora, se le llama así al streep tease) que tiene que ser una bomba sexual, una drag-queen (la conocidísima Psicosis Gonsalez) que canta tangos subidos de tono y provoca al público para que la llamemos guarra, una especialista del juego de aros, dos funambulistas cuyos cuerpos pertenecen más a las serpientes que al género humano…
Todo ello, aderezado por una gran orquesta, que suena como los ángeles, y por una escenografía mágica, con farolillos rojos, cortinas orientales y una luz tenue que nos sugiere “Las mil y una noches”.
Por todo eso y mucho más hay que ir a ver “Crazy Love” porque, desgraciadamente, el cabaret prácticamente ha desaparecido de nuestra ciudad y porque es un género creativo y de donde han salido, a través de la historia, grandes artistas.
Cabaret es sinónimo de irreverente, de creatividad, de contracorriente y en los tiempos que corren, todo esto no es sino poca mecha para tanta llama manipulante desde las instancias oficiales.
Parece ser que el Teatro Calderón (en este caso, gestionado por una empresa privada) va a programar, a partir de la temporada que viene, cabaret puro y duro. Esperemos que éstos no sean sino los inicios del renacer de uno de los géneros más antiguos y auténticos del mundo del espectáculo.

Crítica de Teatro

 Locas por Pepe, el Napolitano”. Pequeño Teatro Gran Vía. Hasta el 31 de julio.
La compañía Profetas de Mueble Bar, con treinta años de profesión a sus espaldas y varios proyectos paralelos (como la compañía infantil y juvenil Teatro Alegre) presentan este vodevil acerca de las dos hijas supervivientes de Bernarda Alba (el drama de Lorca), que luchan entre sí por el amor de un hombre.
Se dice que la casa de Bernarda Alba se está desmoronand, que alguien, cada noche, ronda las ventanas de la vieja mansión venida a menos, desde la muerte de la matriarca en un pavoroso incendio, que dejó la estirpe reducida a Sagrario y Paloma, las dos hermanas, hasta ahora, desconocidas.
La obra es una nueva propuesta de esta compañía, fresca, divertida, imaginativa, que juega con los diferentes géneros dramáticos, mezclando estilos, haciendo reir al público.
Los personajes de las dos hermanas son interpretados por hombres pero lo hacen tan bien que se nos olvida de que lo son y nos metemos de lleno en los personajes. El problema procede del hecho de que pretenden hacer reir con dicha tesitura y lo consiguen a medias. Es decir, nos hacen gracia el surrealismo de las situaciones, las astracanadas, la barroca dirección de actores pero no se logra lo que se propone: mantenernos en una constante carcajada porque la propuesta tiene ciertamente un riesgo. Dado lo absurdo de la obra, hubiese sido mejor que los actores exageraran las situaciones al máximo, que se rieran más de sí mismos. Porque lo que logran es dejarnos a medio camino. Un ejemplo claro de ello es la escena de la misa, que pretende arrancar la carcajada constante del público pero no lo consigue. Aquí, hubiese estado bien que los actores –aunque resultara un humor obvio y facilón- exageraran, se empujaran, fuesen más Martes y Trece. El público les hubiera entendido más y se hubiera desternillado porque la situación se prestaba a ello.
Con todo, en un verano agobiante por el calor extremo, no viene mal que compañías especializadas en humor nos refresquen las noches con ideas tan locas como ésta.